La Consulta
Temprano la mañana siguiente, nos abrimos camino entre el gentío hacia el estadio, donde se había utilizado grandes esteras de bambú para crear mas de setenta casetas de votación en todo el perímetro. Cada distrito electoral pequeño (entre 120 y 250 votantes habilitados) estaba representado por un espacio con una mesa y tres sillas en el frente y un escritorio escolar de cara a la pared para permitir la privacidad al marcar la papeleta.
Tres voluntarios de cada distrito operaban las mesas y eran responsables de supervisar la votación. Cada distrito recibió un ánfora con un lado transparente que contenía todos los materiales y documentos necesarios y la cantidad precisa de papeletas para cada votante habilitado. Se formaron largas filas al frente de cada caseta a medida que la gente se aglomeraba en el estadio para esperar pacientemente, a menudo por horas, para emitir su voto. La atmósfera social era alegre ya que antiguos amigos se saludaban y vecinos charlaban calmadamente en las largas filas.
El proceso de votación involucraba la presentación de una cédula de identidad nacional, la cual contenía una fotografía, huella dactilar y código de barra. Entonces, el funcionario comparaba la cédula con la lista de votantes registrados y entregaba una papeleta que hacía solamente una pregunta: “¿Desea usted el desarrollo minero en esta región?” El votante entonces marcaba la casilla apropiada en la papeleta, ya sea “Si” o “No.” A continuación se presentaba al votante otra lista y éste firmaba su nombre en una copia de su cédula de identidad, proporcionaba una huella dactilar y recibía una marca con tinta indeleble en su dedo medio. El proceso completo parecía garantizar que no hubiera fraude o votación doble. Yo no presencié ninguna discusión, violación de la ley, o irregularidad a lo largo de un periodo de nueve horas.
Los observadores internacionales, junto con equipos de diez personas del comité electoral local y Transparencia, un grupo nacional dedicado a elecciones justas, monitorearon constantemente el progreso en cada lugar de votación y buscaron cualquier evidencia de intimidación – o incluso persuasión – dentro del estadio. Las Rondas, un grupo campesino que es responsable del cumplimiento de la ley en los pequeños pueblos circundantes, mantuvieron una presencia constante.
El Escrutinio y los Resultados
Cuando las mesas de votación se cerraron, todos fueron conducidos fuera del estadio y los tres voluntarios de cada mesa tabularon los votos y registraron los resultados en documentos oficiales. Las reglas respecto al rechazo de “votos nulos”, que a menudo involucran errores menores, fueron aplicadas estrictamente, lo que resulto en un conteo más bajo para los votos por el “No”. Una procesión de vehículos llevó todos los documentos a la sede municipal para el escrutinio oficial. La organización de los procesos de votación fue cuidadosa y comprehensiva.
A primeras horas de la noche, los resultados fueron anunciados a una multitud vitoreante en la plaza. Más del 93% de los votos emitidos en Ayabaca fueron en oposición a la mina. Desconozco el porcentaje de votos pifiados del 7% restante, pero era mayor que el número de votos a favor del “Sí”; de acuerdo a mi observación personal durante el conteo de votos (los votos por el “Sí” fueron poco frecuentes). La participación – 50% – fue un tanto desalentadora, explicable en parte por el posible temor de votar en una elección tachada de “ilegal” por el presidente del país. Algunos de los ciudadanos bien pudieron creer que votar en una elección “ilegal” era, por si mismo, una violación a la ley.
En dos comunidades más pequeñas el resultado fue del 97% de oposición en Pacaipampa (con una participación del 70%) y del 92% de oposición a la actividad minera en El Carmen de la Frontera (con una participación del 50%). En general, votaron más de 18.000 personas, de las cuales 285 votaron por el proyecto minero.
La gente del lugar fue atenta y estuvo conmovedoramente agradecida por nuestra presencia como observadores internacionales. Estuve extremadamente impresionado por la dignidad y meticulosidad del proceso.

